“Olvidalos Wendy, olvídalos a todos,

vente conmigo, allí donde NUNCA, NUNCA JAMÁS

tendrás que preocuparte por cosas de mayores”

dijo Peter Pan.

Quizás sea por eso por lo que hace meses descubrí que no hay cosa que más me guste que observar y jugar con ellos a través de mi cámara. Aprender, aprender una y otra vez de todo lo que son, lo que hacen y lo que enseñan sin ser conscientes. Aprender y sentir a través de su mirada.

Pequeños gigantes, pequeños maestros. Pequeños que abrazan sin miedo, que juegan, que ríen y bailan. Que cantan a gritos sin vergüenza. Que son vida, pureza, amor.

Que ojalá algún día sean ellos los que alcen la voz,

los que dominen el mundo y lo salven con valores.

Y que me hagan un sitio

en su mesa,

en su mundo,

en su baile,

siempre.
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