Conocí a Sol y Luna a través de la historia de sus padres,
quienes hartos de la prisa de Roma y el tiempo robado por
su trabajo,
decidieron hacer sus maletas con sueños de fimo. Quererse muchísimo, agarrarse fuerte las alas y subirse a un avión. 

Dos que soñaron fuerte. Que son el ejemplo
de que nunca es tarde para volver a empezar. 
Que son la libertad, el amor, la ilusión y el hogar
de dos de las niñas más especiales que he conocido en mi vida.