Donde todo empieza,

Pequeña Gran Revolución.

Hay silencio en la habitación. En el aire un amor incondicional y una generosidad que está a punto de quebrarnos el alma, los huesos, la piel. Una complicidad entre dos miradas que te pellizca la vida. Una inocencia que nos hace, en un instante, ser mejores.

Una sensación tan inmensa y pura

que no se puede escribir.



“Cuando te acaricié me di cuenta

de que había vivido toda mi vida

con las manos vacías”,


                                              Alejandro Jodorowsky.